Observatorio Cruz del sur: descubriendo el cosmos

DSC_4526.JPGAproximadamente a tres horas de La Serena, en dirección sudeste, se encuentra la ciudad de Combarbalá. Un serpenteante camino nos va mostrando el Valle del Limarí a nuestro paso a medida que el sol se esconde y el cielo comienza a adquirir un tono rojizo. Nos dirigimos al Observatorio Cruz del Sur, uno de los más interesantes dentro del circuito astronómico turístico que ofrece la Región de Coquimbo, que se ha consolidado a nivel nacional como lugar obligatorio para quienes disfrutan del turismo astronómico.

A unos pocos kilómetros de esta tranquila ciudad de trece mil habitantes, DSC_4443.JPGsobre el cerro precordillerano El Peralito, se encuentran las cuatro cúpulas del observatorio, dispuestas tal como la famosa constelación Cruz del Sur. Esta idea de “aterrizar” las estrellas cobra sentido con las explicaciones de nuestra guía, Sandra, quien nos recibe y nos invita a conocer la sala de exposiciones del centro, que posee astrofotografía tomada desde los principales observatorios profesionales del país.

Luego, nuestra guía nos presenta la Sala Multimedial, una cúpula a la que accedemos para tomar asiento y disfrutar de un documental sobre los inicios de la astronomía y su desarrollo hasta el día de hoy. “El plan, me cuenta Sandra, es que esta sala se convierta durante los próximos meses en un moderno planetario digital, con la más alta tecnología, donde se puedan dictar charlas y conferencias para un público cercano a las 80 personas”.

DSC_4455.JPGEl gran plan de Cruz del Sur es, en realidad, convertirse en el complejo astroturístico más grande y completo de Sudamérica. Para eso han proyectado realizar charlas con filtros solares, que permitan hacer observación del astro rey y sus manchas, además de habilitar verdaderos “espejos de agua” que servirán para enseñar a los visitantes sobre arqueoastronomía, o sobre cómo las antiguas culturas que habitaron la Región de Coquimbo se relacionaron con los astros, observándolos a través del reflejo del agua y formando sus propias constelaciones.

La charla principal se realiza en el anfiteatro al aire libre, así que salimos a cruzdelsur.JPGcontemplar el cielo del Limarí. Allí es donde Sandra comienza a guiarnos a través del cielo con su puntero, porque entre tantas estrellas se hace difícil ubicar patrones, formas, constelaciones. Al estar ubicados en el polo sur, además, las constelaciones están invertidas. Vimos al león echado de Leo, por ejemplo, pero de cabeza. Imaginación, imaginación y el sabio puntero láser de nuestra guía. La observación directa, de todos modos, no se limitó sólo a las clásicas constelaciones, sino que también fuimos partícipes de la visión precolombina del universo. Las culturas andinas veían formas en los “espacios vacíos” entre las estrellas. Por decirlo de un modo simple, no “unían puntos”, sino que llenaban espacios. Dentro del brazo de la Vía Láctea pueden verse claramente una llama sentada con su cría. Descubrir esos secretos es una de las experiencias novedosas de Cruz del Sur: nos acerca a la astronomía de nuestras raíces. Llamas, perdices, cóndores, tal como nuestros antepasados los vieron.

DSC_4458.JPGLuego de esa experiencia fascinante es el turno de la observación a través de los equipos. Cruz del Sur posee telescopios de 14 y 16 pulgadas, de los mejores del país en lo que respecta a turismo astronómico. “Algunas veces nos ha pasado -explica Sandra, con gracia- que la gente no cree que sea cierto lo que ven, y nos preguntan muy serios si no es una diapositiva o algo así”. Suena descabellado, ilógico, cómico, hasta irrespetuoso, pero no dejo de entender la reacción mientras veo cómo Omega Centauro, un simple punto irrelevante en el espacio, se convierte a través del ocular, en un cúmulo cerrado de millones de luces parpadeantes. Todo un espectáculo nocturno en el Valle del Limarí.

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